Otra gran revolución, la de las nuevas tecnologías actuales, generó el cambio de la sociedad de producción (propia de la época de la industrialización) a la sociedad de consumo. Esta sociedad de consumo, además, se ha visto modificada en los últimos años gracias a los avances provenientes de las tecnologías informático-comunicacionales. De hecho, como comenta el profesor Cayo Sastre en su obra McMundo, la red de redes ha hecho que los consumidores clásicos pasen a convertirse en consumidores activos capaces de intervenir en los procesos de producción.
Por otro lado, como han expresado Coca y Valero en un reciente artículo publicado en la revista Studies in Sociology of Science, la tecnología (la biotecnología en este caso) ha traído consigo, y sigue generando, inequidades entre las regiones del Norte y del Sur del globo. Por otro lado, el desarrollo de la tecnología viene de la mano de un proceso de desequilibrio intrasocietario. Ello es debido a que las personas con mayor poder adquisitivo tiene más oportunidad de adquirir tecnología, la cual –además– genera una mayor enriquecimiento.
Esto implica que la tecnología, entendida en sentido global, tiene unas consecuencias perniciosas que es posible que sea beneficioso, o no, controlar. No obstante, recordemos que la tecnología, al igual que la ciencia, no sólo genera problemas sino también soluciones, artefactos y procesos que mejorar nuestra vida. Nos encontramos por tanto con un gran y complejo proceso de coordinación de ésta.

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